ven escrit?
No sera que ho dius per fer-me una caricia? be...gracies Isabel.
Aixi que dius que es dificil deixar un messatge...
Per deixar un missatge, heu de deixar el vostre nom, i la vostra adreça electronica.
Isabel, el tema visita...no pot ser... perque crec, que ara haig de passar per aquesta experiencia, que estic visquent en la actualitat,
i si ara la abandono, em sera dificil reprender-la de nou.
Integrat a Ostuni?, diguem que hi estic ben acomodat, millor.Per integrar-me m'hauria de relacionar amb la poblacio, cosa que no faig, vaig bastant a la meva, potser de tant en tant, vaig al bar de la cantonada, i escolto parlar la gent en dialecte(que amb prou feines riexo a comprendre), pero m'agrada el seu so, i la sinceritat que despren la gent quan s'expressa amb ell(el dialecte). El dialecte(penso) que hi ha aqui italia, no te res a veure amb els dialectes que podem trobar a espanya o catalunya, aqui els dialectes son molt mes distans de la llengua comuna...al menys es el que he experimentat sentint varis tipus de dialectes. A mes en tota la Italia tothom parla l'italia comu a part del dialecte, sera per alguna rao, no? ja que aixo no passa a catalunya o espanya(potser si en els cas dels periodistes que tots saben parlar la llengua estandar(mes o menys dialectada) a part del seu dialecte),on la gent s'expresa sempre en dialecte perque amb una mica d'atencio(per part del que escolta) sempre es pot fer entendre.
Aqui, Italia i en concret a Ostuni(ja que en les ciutat, no s'usa tant el dialecte), he pogut posar-me en la pell de l'estudiant d'espanyol (pobre infeliç),que es reca a catalunya per aprendre l'idioma(el castella).
Be. M'he ido por los caminos del regoceo intelectual banidoso i al menos(eso inente) humilde(palabra que dudo entender en profundiada), cuando a donde -volia anar a parar. La integracio, senyors, i molt a "dispiaccer" meu, ya que la "prefiero compartida antes que vaciar mi vida" non ce. no existe, no hi es. en ingles: "no yes"(broma made in Isart).
i perqueeeeeeeeeeeeeeee? porque vivo en mi cabeza, en mi cabeza, i com diu un capalla(bastant atipic),aqui a Ostuni, com la majoria, s'estima mes a ell mateix que al reste del mon, en el meu cas elpercentatge es de: 90% mer mi, i el reste per alguna fulanda, familia i amigos.
I no esta gens beeeeeeeeee!
el teorema es el siguiente: si eliminem aquest 10%, potser podre ser fidel aquest 90% convertit en 100%, i alehores quan un s'es fidel al cent per cent, "rompe el cascaron", bum! ciao ego, ciao io, vienvenido "nostros".
Como eliminar es 10%? o 90%?(otra de las opciones?), (o conocer a ese alguien que lleve asta el infinito el 10%?) Supongo que hay varios caminos, yo todabia no acabo de comprender el mio...pero creo que tiene algo de relacion con este cuento:
Aquel día Sinclair se levantó como siempre a las 7 de la mañana. Como todos los días, arrastró sus pantuflas hasta el baño y después de ducharse se afeitó y se perfumó. Se vistió con ropa bastante a la moda, como era su costumbre y bajó a la entrada a buscar su correspondencia. Allí se encontró con la primera sorpresa del día:
¡No había cartas!
Durante los últimos años su correspondencia había ido en aumento y era una parte importante de su contacto con el mundo. Un poco malhumorado por la noticia de la ausencia de noticias, apuró su habitual desayuno de leche y cereal (como recomendaban los médicos), y salió a la calle.
Todo estaba como siempre: los mismos vehículos de siempre transitaban las mismas calles y producían los mismos sonidos en la ciudad, que se quejaba igual que todos los días. Al cruzar la plaza casi tropezó con el profesor Exer, un viejo conocido con quien solía charlar largas horas sobre inútiles planteos metafísicos. Lo saludó con un gesto, pero el profesor pareció no reconocerlo; lo llamó por su nombre pero ya se había alejado y Sinclair pensó que no había alcanzado a escucharlo.
El día había empezado mal y parecía que empeoraba con las posibilidades de aburrimiento que flotaban en su ánimo.
Decidió volver a casa, a la lectura y la investigación, para esperar las cartas que con seguridad llegarían aumentadas para compensar las no recibidas antes.
Esa noche, el hombre no durmió bien y se despertó muy temprano. Bajó y mientras desayunaba comenzó a espiar por la ventana para esperar la llegada del cartero. Por fin lo vio doblar la esquina, su corazón dio un salto. Sin embargo el cartero pasó frente a su casa sin detenerse. Sinclair salió y llamó al cartero para confirmar que no había cartas para él. El empleado le aseguró que nada había en su bolso para ese domicilio y le confirmó que no había ninguna huelga de correos, ni problemas en la distribución de cartas de la ciudad.
Lejos de tranquilizarlo, esto lo preocupó más todavía.
Algo estaba pasando y él debía averiguarlo. Buscó una chaqueta y se dirigió a casa de su amigo Mario.
Apenas llegó, se hizo anunciar por el mayordomo y esperó en la sala de estar a su amigo, que no tardó en aparecer. El hombre avanzó al encuentro del dueño de casa con los brazos extendidos, pero este se limitó a preguntar:
-Perdón señor, ¿nos conocemos?
El hombre creyó que era una broma y rió forzadamente presionando al otro a servirle una copa. El resultado fue terrible: el dueño de casa llamó al mayordomo y le ordenó echar a la calle al extraño, que ante tal situación se descontroló y comenzó a gritar y a insultar, como avalando la violencia del fornido empleado que lo empujó a la calle.... Camino a su casa, se cruzó con otros vecinos que lo ignoraron o actuaron con él como si fuera un extraño.
Una idea se había apoderado del hombre: había una confabulación en su contra, y él había cometido una extraña falta hacia aquella sociedad, dado que ahora lo rechazaba tanto como algunas horas antes lo valoraba. No obstante, por más que pensaba, no podía recordar ningún hecho que pudiera haber sido tomado como ofensa y menos aun, alguno que involucrara a toda una ciudad.
Durante dos días más, se quedó en su casa esperando correspondencia que no llegó o la visita de alguno de sus amigos que, extrañado por su ausencia, tocara su puerta para saber de él; pero no hubo caso, nadie se acercó a su casa. La señora de la limpieza faltó sin aviso y el teléfono dejó de funcionar.
Entonado por una copita de más, la quinta noche Sinclair se decidió a ir al bar donde se reunía siempre con sus amigos, para comentar las pavadas cotidianas. Apenas entró, los vio como siempre en la mesa del rincón que solían elegir. El gordo Hans contaba el mismo viejo chiste de siempre y todos lo festejaban como era costumbre. El hombre acercó una silla y se sentó. De inmediato se hizo un lapidario silencio, que marcaba la indeseabilidad del recién llegado. Sinclair no aguantó más:
-¿Se puede saber qué les pasa a todos conmigo? Si hice algo que les molestó, díganmelo y se terminó, pero no me hagan esto que me vuelve loco...
Los otros se miraron entre sí entre divertidos y fastidiados. Uno de ellos hizo girar su índice sobre su sien, diagnosticando al recién llegado. El hombre volvió a pedir una explicación, luego rogó por ella y por último, cayó al suelo implorando que le explicaran por qué le hacían eso a él.
Sólo uno de ellos quiso dirigirle la palabra:
-Señor: ninguno de nosotros lo conoce, así que nada nos hizo. De hecho, ni siquiera sabemos quién es usted...
Las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos y salió del local, arrastrando su humanidad hasta su casa. Parecía que cada uno de sus pies pesaba una tonelada.
Ya en su cuarto, se tiró en la cama. Sin saber cómo ni por qué, había pasado a ser un desconocido, un ausente. Ya no existía en las agendas de sus corresponsales ni en el recuerdo de sus conocidos y menos aún en el afecto de sus amigos. Como un martilleo aparecía un pensamiento en su mente, la pregunta que otros le hacían y que él mismo se empezaba a hacer: ¿Quién eres?
¿Sabía él realmente contestar esta pregunta? Él sabía su nombre, su domicilio, el talle de su camisa, su número de documento y algunos otros datos que lo definían para los demás; pero fuera de eso: ¿Quién era, verdadera, interna y profundamente? Aquellos gustos y actitudes, aquellas inclinaciones e ideas, ¿eran suyos verdaderamente? ¿o eran como tantas otras cosas: un intento de no defraudar a otros que esperaban que él fuera el que había sido? Algo empezaba a estar claro: el ser un desconocido lo liberaba de tener que ser de una manera determinada. Fuera él como fuera, nada cambiaría en la respuesta de los demás. Por primera vez en muchos días, encontró algo que lo tranquilizó: esto lo colocaba en una situación tal, que podía actuar como se le ocurriera sin buscar ya la aprobación del mundo.
Respiró hondo y sintió el aire como si fuera nuevo, entrando en los pulmones. Se dio cuenta de la sangre que fluía por su cuerpo, percibió el latido de su corazón y se sorprendió de que por primera vez NO TEMBLABA.
Ahora que por fin sabía que estaba solo, que siempre lo había estado, ahora que sabía que sólo se tenía a sí mismo, ahora... podía reír o llorar... pero por él y no por otros.
Ahora, por fin, lo sabía: SU PROPIA EXISTENCIA NO DEPENDÍA DE OTROS
Había descubierto que le fue necesario estar solo para poder encontrarse consigo mismo...
Se durmió tranquila y profundamente y tuvo hermosos sueños....Despertó a las diez de la mañana, descubriendo que un rayo de sol entraba a esa hora por la ventana e iluminaba su cuarto en forma maravillosa.
Sin bañarse, bajó las escaleras tarareando una canción que nunca había escuchado y encontró debajo de su puerta una enorme cantidad de cartas dirigidas a él.
La señora de la limpieza estaba en la cocina y lo saludó como si nada hubiera sucedido.
Y por la noche en el bar, parecía que nadie había registrado aquella terrible noche de locura. Por lo menos, nadie se dignó a hacer algún comentario al respecto.
Todo había vuelto a la normalidad...
Salvo él, por suerte, él, que nunca más tendría que rogarle a otro que lo mirara para poder saberse... él, que nunca más tendría que pedirle al afuera que lo definiera... él, que nunca más sentiría miedo al rechazo...
Todo era igual, salvo que ese hombre nunca más se olvidaría de quién era.
-Y este es tu cuento, Demián -siguió el gordo-. Cuando no tienes registro de tu dependencia frente a la mirada de los otros, vives temblando frente al posible abandono de los demás que, como todos, aprendiste a temer.
Y el precio para no temer es acatar, es ser lo que los demás, “que tanto nos quieren”, nos presionan a ser, nos presionan a hacer y nos presionan a pensar.
Si tienes “la suerte” del personaje de Papini y el mundo, en algún momento, te da la espalda, no tendrás más remedio que darte cuenta de lo estéril de tu lucha.
Pero si no sucede así, si tienes la “desdicha” de ser aceptado y halagado, entonces...
estás abandonado a tu propia conciencia de libertad, estás forzado a decidir:
acatamiento o soledad; estás atrapado entre ser lo que debes ser o no ser nada para nadie..Y de allí en más...
podrás ser, pero sólo, sólo y sólo para ti.
"creo que es un cuento de Jorge Bucay, o por lo menos esta en uno de sus libros"

Meneame
del.icio.us
Ei Isart,
estem a Martorelles amb la teva mare. És diumenge i fa un fred d'hivern intens. Ara sortirem a fer un vol i parlarem de tu. Se't veu bé, però a veure si et deixes veure, en tenim moltes ganes. Tenim pendent celebrar l'aniversari de la Cristina tota la family, quan estigui més bé.
Que passis una molt bona setma!!!!!!!
Una abraçada,
Isabel i Cristina,
isabel
isabel i cristina | 18-11-2007 - 12:08:53 GMT 1 #